miércoles, marzo 30, 2016

EXILIADO



Desde niño Granada siempre ha herido mi memoria. Parte de la familia, vive en esta ciudad. Familia querida, que no veo mucho, pero que remueve el misterioso adentro que en cualquier te rompe el corsé, la cintura, la pose y ahí te quedas todo traspuesto. Además, mi madre, me amamantó la nostalgia, haciéndonos volver una y otra vez a abrevar su cántaro vital (que es el nuestro, el único nuestro) a las faldas de la Alhambra, leyéndonos a Washington Irving, señalando con el dedo el lugar donde Boabdil lloró para siempre. Así que esto es un no vivir. Y cuando vuelves, es para tener que irte. Para qué ir. Volver, y al instante borbotonea la herida que nunca se cerró. Al fin y al cabo, hay que sobrevivir para vivir, y es mejor no reabrir demasiado el pozo que, como un candado con siete cerrojos encierra la luna de tu infancia.

A uno le van ya adelantando los años, pero la memoria sigue apagando la sed en los mismos manantiales. Sin querer. Y sin saber. Es la vida. Lo que está, desde siempre, ya no se va. Así que este año, va y me dice alguien en casa ¿por qué no vamos a ver procesiones a Granada? Y yo que conozco la ciudad, que recorto los restos de mi siglo de Generación-X con una Sierra Nevada al fondo, no sé nada de procesiones granaínas. Pues mejor. Se me escapa ese afluente de las procesiones, y cuanto más afluentes, más grande es al final el río que desemboca en el manantial del que respirar después. Que luego, el año se pone cuestarriba. Y la ausencia duele.

Y nos lanzamos por las calles. Peleando con el GPS del corazón, mientras suenan los tambores, mientras lloran los zapatos y las ruedas de los coches por la cera derramada. Váyase a la Calle San Matías, me dice el del hotel. Arriba, arriba. Y para allá que vamos. Espera que te espera, parpadean los móviles. Se empiezan a apagar las luces. Lejos, lejos se oye el latido suave de un par de tambores. Shhhh que ya viene. Las farolas, que se apagan. Y los balcones. Y los bares. Y los móviles. Todo calla. Y se arranca una garganta casi rota, mientras les digo a mis hijos, mira allí, en el balcón. Y la saeta fluye mientras aparece un Cristo que empapa con su sangre una alfombra de claveles rojos. Un Cristo macilento, del color de la muerte, que baja a plomo desde el cielo estrellado mientras le atraviesan los flashes de una noche, que ya nunca olvidaré. Un Cristo sin su madre. Que noche tan dura, la más dura. Y lloro como un hombre por ese Hombre. Vale la pena, dejar de volver para llegar y quedarse a esta ciudad, de donde ya no me iré. Dejo la tinta de estas letras, como una reliquia de mi cuerpo que ya vaga por donde solía, mientras mi alma se queda clavada esperando que la Virgen de las Angustias me abra de una vez esos ojos entornados y tristes, para que pueda volver de una vez para siempre.



lunes, marzo 21, 2016

MUJER, CRISTIANISMO, IGUALDAD



La jerarquía de la Iglesia está formada por hombres. Los protagonistas de los Evangelios, son hombres. Jesús se dirige a Dios como su Padre. Por tanto, la Iglesia, es una estructura patriarcal al servicio de la clase dominante, que construyó una superestructura ideológica (el cristianismo) para engañar, reprimir y dominar a la mujer. Pero esos protagonistas de los Evangelios, los Apóstoles, eran un desastre y quedan fatal. De buenas personas nada: trepas que se pelean por ver quien va a ser el primero. De inteligencia no andan sobrados, porque el Rabbí Jesús les explica una y otra vez las mismas cosas, y siguen sin pillarlo. Violentos: quieren reducir a ceniza un pueblo de Samaria al que son enviados y no les hacen caso. Y ladrones: Mateo recaudaba para el invasor romano y se quedaba parte (la mordida) y Judas metía la mano en la bolsa del dinero. En resumen: unos hombres violentos, egoístas, ladrones y con pocas luces. Eran un desastre, aunque tenían una virtud clave: todos eran sinceros y sin doblez, excepto Judas.

Si nos fijamos en las mujeres que aparecen en los Evangelios, la cosa cambia. Cuando le presentan la mujer adúltera, Jesús escribe en el suelo los más ocultos pensamientos de aquellos hombres que abandonan el lugar llenos de vergüenza. Y la mujer que ha sido llevada allí para avergonzarla mientras es lapidada en la plaza pública, queda sola delante del único que puede tirarle una piedra, porque es el único que no tiene pecado, Jesús. Todos eran pecadores, pero a quien salva Jesús no es a los que la traen, no es al adúltero que no han traído para lapidar. Salva a la mujer, le devuelve su dignidad.

Cuando todo se hunde y crucifican a Jesús, sólo le acompañan un puñado de mujeres en el Calvario. Todos aquellos protagonistas hombres, los Apóstoles, le han traicionado, excepto Juan, un chico adolescente que está al pie de la Cruz porque quizás ha sido acogido lleno de miedo por la madre de Jesús. El Rabbí Jesús se pasa tres años predicando en Galilea y Judea, moviéndose sin parar de un sitio para otro, mientras le buscan para matarle las élites políticas y religiosas, subiendo a pie hasta el Líbano, huyendo hasta Jordania, cayendo rendido de sueño en la barca cuando cruza el Mar de Galilea. Y cuando ya no puede absolutamente más, va a descansar al sitio donde está a gusto de verdad: a Betania, cerca de Jerusalén, a casa de Marta, María y Lázaro. Sin aquella ayuda, sin aquella atención de Marta y María, el Maestro no habría podido seguir, porque siempre iba al límite de su capacidad humana. Llora al morir Lázaro, al ver destrozadas a Marta y María. Llora al ver a aquella madre viuda que acaba de perder a su hijo. Cura a la mujer del flujo de sangre, cura a la hija de Jairo, cura al hijo de aquella mujer extranjera. Tiene una paciencia infinita, y al final convence a aquella samaritana del pozo de Sicar en Samaria.  Jesús, se desvive por las mujeres y necesita su cercanía.

Cuando Jesús resucita, el primer testigo es María Magdalena, una mujer, que va corriendo a ver a los discípulos, escondidos y llenos de miedo. Y no la creen, porque según las leyes judías y romanas, el testimonio de una mujer no tenía ninguna validez en un juicio. Pero el Rabbí se aparece primero a una mujer. Y no sólo esto: al morir el Maestro, todos huyen y se esconden. Y quien reúne y anima a todos ellos, es la madre de Jesús, María. María, es llamada con razón Madre de la Iglesia. En la teología cristiana, es la persona con más alta graduación. De hecho, destroza el Project Management de toda la Trinidad cuando, estando en las bodas de Caná, le sugiere a su Hijo que arregle lo del vino. Y su Hijo, se resiste. Normal: su plan era perfecto. Pero contra una Madre, no puede resistirse, y cambia todo el plan de la Redención… adelantándolo. Por tanto, María, es la que gestiona las peticiones de los hombres, la que está pendiente de la casa, del lugar que habitan, del lugar donde se descansan, duermen, se curan los hombres. Allí, en el Cielo, en la Gran Betania, Ella, es la que corta el bacalao. ¿Hay alguien más feminista que Jesucristo? ¿Alguien que cree a una criatura-mujer-madre, y que se deleite en obedecer sus peticiones? Ahh... ¡gran misterio!


En la liturgia de la Misa, en la oración más antigua que es el Canon Romano (siglo IV), se reza a siete santos romanos, y …a siete santas romanas.  La paridad ya estaba inventada en la Iglesia Romana desde el principio. Porque sin mujeres, no existiría el cristianismo, ni la Iglesia, ni nada. Muchas injusticias se han cometido, pero ni la desigualdad ni el machismo tienen nada que ver con la religión cristiana. Quizá hagan falta más teólogas, que muestren lo evidente. 


lunes, febrero 22, 2016

NO VOLEM TTIP



La Nueva Izquierda surgida tras la caída del Muro y la Gran Recesión de 2008 se  aglutina  ideológicamente en torno a dos polos. Uno de ellos son los movimientos antiglobalización. Están totalmente en contra del Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversión (TTIP en Inglés), porque liberaliza más aún el comercio de mercancías y capitales entre EEUU y la UE, pero no exige la igualdad de derechos sociales y salariales, ni de controles medioambientales, pero sigue bloqueando la libre circulación de mano de obra entre los dos bloques. Es otro tratado más que aumenta la globalización y el dumping social. Seguimos profundizando en el modelo “iPhone”: se fabrican en Taiwan con gente que trabaja 12 horas al día, se diseñan en California con ingenieros con sueldos elevados, mientras el beneficio se queda guardado en paraísos fiscales. Este modelo provoca cada vez más desequilibrios financieros, sociales y medioambientales. 



El otro polo en torno al cual se aglutinan es la defensa de las culturas locales y tradicionales. Es una izquierda que protege el patrimonio, el folclore, las formas de vida rurales. Cuando gobierna, prohibe nuevas autopistas, bloquea planes urbanísticos, niega licencias hoteleras. Están en contra de la llegada del AVE (por ejemplo Bildu y Nafarroa Bai votaron en contra de una resolución que apoyaba la llegada del AVE a Pamplona). Es un movimiento cultural, de ahí su fuerza, que se asienta sobre todo en las lenguas vernáculas locales, usadas para construir un muro de contención que proteja el mundo rural  del pasado frente a la cultura globalizada anglo-americana. Por último, a estos ingredientes se le añade uno fundamental:  la Ideología de Género, un  neomarxismo donde el motor de la historia ya no es la lucha de clases entre proletarios y capitalistas, sino entre hombre y mujer, donde el varón es la clase explotadora que durante milenios ha sometido a la mujer. Ese varón machista, violento, debe ser sustituido por un matriarcado sin hijos, una arcadia rural  con un abuelito-dime-tú y vacas, lejos del asqueroso Mc Donalds. Por tanto, el fenómeno de las Mareas, Compromis, Nafarroa Bai, etc, no es algo casual, aislado. Y Pablo Iglesias sabe perfectamente donde se cruzan los caminos del nuevo nacionalismo de izquierdas rural y la izquierda tradicional: en Podemos que no es un partido, sino un movimiento. Han llegado para quedarse. Los únicos que se han opuesto con un relato bien construido, son Ciudadanos, que como su nombre indica, son chicos de ciudad, poliglotas, que saben muy bien de que pasta está hecho este nuevo movimiento antiglobal y nacionalista de nuevo cuño. A la derecha de Ciudadanos, sólo se dedican a hacerle palmas al jefe, creyendo que sus votos están seguros en su mayoría porque la gente no tiene a quien votar. Pero el edificio social se mueve. El PP va a sufrir un shock, y como sigan así, una larga temporada en la reserva.

Claudio Martínez Möckel

lunes, noviembre 30, 2015

LOS NUESTROS


DESPERTAR... SI TE DEJAN



"Pero él, que era muy católico, dijo que Dios era el único que podía quitar una vida. Gracias a esa convicción, ahora puedo contarlo. Años más tarde, en 2009, se habló mucho del caso de Eluana Englaro, una italiana que pasó 17 años en coma y a quien su padre quería practicar la eutanasia. Mi padre insistía en que no debían hacerlo, y después de lo que me ocurrió a mí, cualquiera le llevaba la contraria"

[Vía

jueves, noviembre 19, 2015

INTERNET DE LAS COSAS EN UN GRAFICO

miércoles, noviembre 18, 2015

La prensa en España, A.D. 2015....



Penosa situación de la libertad en España. Tal y como dice de manera cristalina Enrique Dans:


La situación es completamente asfixiante, y llevo tiempo escribiendo sobre ella. El gobierno no solo corta la cabeza a los tres directores de tres de los medios más importantes (La Vanguardia, El País y El Mundo) en un brevísimo lapso de tiempo y sin preocuparse lo más mínimo ni siquiera por la estética (en poco más de un mes, Marius Carol sustituye a José Antich en La Vanguardia, Pedro J. Ramírez es defenestrado de forma sumaria y se nombra a Casimiro García-Abadillo en El Mundo, y Antonio Caño sustituye a Javier Moreno en El País), sino que además, la cobertura de los escándalos de corrupción y de las noticias que motivaron su cese desaparece de manera inmediata con ellos. Una vez cercenadas las cabezas de los directores díscolos, los medios afectados dejan de cubrir las noticias críticas con el gobierno que motivaron su cese, siguiendo una relación causal completamente imposible de negar. A partir de esa situación, los medios entran en un escenario de compadreo constante con la vicepresidencia del gobierno: pasan a ser “llamados a consultas” de manera habitual, a recibir llamadas habituales impidiendo la difusión de determinadas noticias y solicitando la cobertura de otras, y se convierten en lo más alejado que pueda conocerse de una prensa libre.



Este Partido Popular, tan liberal, con esa lumbrera llamada Soraya Sanz de Santamaría, el partido de la libertad, ja, ja ja...

Y sobre todo la penosa estructura de un partido de otro siglo, con un presidente que no se entera de que va esto de los medios. Nunca se han enterado. Es un partido de funcionarios del siglo XIX, lento y acabado:


La situación, en realidad, proviene directamente de la personalidad de Mariano Rajoy, con quien tuve la oportunidad de hablar antes de que se convirtiese en presidente, y que se mostró en aquella conversación como una persona prácticamente obsesionada con lo que los medios decían de él y la cobertura que daban a sus acciones y declaraciones… pero que restringía claramente el concepto de “medios” a aquellos que estaban impresos en papel. Una persona claramente desactualizada, que no habla idiomas ni utiliza jamás un ordenador, y que, consecuentemente, se informa únicamente a través de medios clásicos: prensa de papel, radio y televisión. Los medios online, además de estar completamente excluidos del reparto de una publicidad institucional utilizada claramente como “pago de favores”, deben ser ignorados y ninguneados a toda costa, privados de cualquier posible eco en los medios convencionales, o incluso amenazados con demandas o puestos bajo la atenta mirada de una ley mordaza destinada, entre otras cosas, a ponerlos bajo control tanto a ellos como a esas díscolas redes sociales que se empeñan en destacar lo que, según el gobierno, no debe ser destacado ni destacable.

martes, septiembre 08, 2015

SIN PERDON




La noticia sorprendió a muchos. El Papa Francisco autorizaba a todos los sacerdotes a perdonar el pecado del aborto a todas las mujeres que “estén arrepentidas de corazón”. El portal del Año de la Misericordia, que comienza en Octubre de este año, se ha abierto con esta noticia que ha producido oleadas de reacciones. Por un lado, aquellos que creen que es un “pecado imperdonable” matar al hijo. Por lo menos habría que poner las cosas chungas a aquellos que cometieron esa acción abominable. Que por lo menos vayan a pedir audiencia al obispo cubiertos de ceniza. Por otro lado, ha enfadado a otros muchos, que no consideran que abortar sea un pecado, sino que incluso es un derecho de la mujer para mantener su dignidad y libertad, para no caer en la esclavitud de un hijo no deseado mientras el causante del embarazo se va de rositas.

Lo primero que creo que hay que decir es que si alguien quiere pedir perdón pues lo pide, y si no, pues no lo pide. A nadie se le obliga. Lo segundo, que el sentimiento de culpa de muchas mujeres por haber abortado, de muchos que han facilitado o cooperado con un aborto, existe. La realidad es tozuda. Los psiquiatras saben cómo se las gasta la conciencia a aquel que carga con la culpa de creer que ha hecho daño a otros. Un embarazo no es un chiste, como bien sabemos. Y si un aborto natural deja tantas veces devastada a una madre, un aborto provocado, provoca también un gran dolor.  

Por lo tanto, no se trata de meter la cabeza debajo de la arena, de ser “positivo” y pastillear con prozac la realidad. A veces, la cagas, haces cosas que están muy mal. Y la gran pregunta es esta: ¿qué haces cuando has hecho daño a otros, cuando consideras que es algo demasiado horrible, algo imperdonable? Y si hay cosas imperdonables, ¿dónde ponemos el límite? Si usted hundió la carrera profesional de aquella persona por esparcir un rumor falso ¿eso tiene perdón? Si a su madre la metió en la residencia ¿eso tiene perdón?¨ La pregunta es, ¿es posible sacar la pata cuando la has metido hasta el fondo, cuando tu vida parece aquel disco de Hombres G  “La Cagaste Burt Lancaster”?


El Dios al que se refiere el Papa Francisco, es un Dios que nunca se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón, ha repetido una y otra vez. Y, como no pedimos perdón, nos cuesta mucho perdonar desde grandes cosas a chorradas. Y así la vida es infernal. La realidad es esta: somos capaces de lo peor, y de lo mejor. Para salir del mal, hace falta reconocer nuestra responsabilidad, y pedir perdón. A los que tenemos al lado. Y por qué no, a Dios. Después de todo, ahí es cuando más se nota su existencia, su poder e omnipotencia: cuando nos perdona incomprensiblemente, y te vas alegre, dispuesto a recomenzar, a trabajar para volver a intentarlo, mientras pides, ahora sí, perdón a tus semejantes por cosas que antes ni intuías. Al mundo lleno de guerras, culpas y dolor, le hace falta perdón por un tubo. Es hora de recomenzar. 

Informacion, 5/9/2015

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lunes, agosto 31, 2015

MAR VERDE


La brisa húmeda, el mar verde. Volvemos a veranear en el mismo sitio. Las mismas vacaciones, la misma gente. Junto al mar de todos los años, mientras nos despeina de nuevo el viento de levante. Aquí estamos de nuevo los dos, con los pies sobre la arena. Pero el tiempo no se para, y ya estamos casi en Septiembre.

Y volveremos a empezar. A seguir echando el ancla en el mismo trabajo, los mismos horarios, la misma belleza. Sentir como el tiempo se lleva nuestras fuerzas. Agotados, sin tiempo para hablar. Dejándonos la piel con nuestros hijos, un día tras otro, con las mismas rutinas, tratando de sembrar lo nuestro en el corazón de las tinieblas de sus misteriosas almas. Intentando que nuestro poso se agarre al fondo de su ser. Y mientras peleamos sin descanso, otro mar verde, el de la rutina, las obligaciones, los horarios y las pequeñas gestiones, se traga el tiempo en que transcurre nuestra vida. Apenas llega un día, se va y vuelve otro para desaparecer tragado por ese mar de rutina diaria. Cambian las modas, los gobiernos, las empresas, pero para nosotros dos, una pareja de simples mortales, cambian pocas cosas, porque seguimos ocupados con las mismas cosas, una y otra vez. Como Sísifo.

Aun así, el horizonte de ayer, de hoy, de mañana, no termina de cerrarse. Sigue abierto, incierto. Todo se acaba, avanza hacia adelante y todo vuelve a comenzar. Y así es muy fácil caer en la tentación de levar el ancla, para huir de esta cárcel hecha con barrotes de rutina e incertidumbre. Te angustias pensando en que lo que sembraste no dará fruto. Que todo es lo siempre. Que la vida es corta, está llena de rutinas y gilipolleces, no hay resultados ciertos ni duraderos, y que cuando te das cuenta, te mueres. Dan ganas de salir corriendo.

Por eso no ha sido fácil llegar hasta aquí, mantener nuestra tienda, en el mismo sitio, mientras el mar verde vuelve una y otra vez, para borrar lo que somos, para asfixiarnos entre tareas, rutinas e incertidumbres. Aprendimos pero todavía nos queda. Sabemos que somos fuertes cuando sabemos aceptar con normalidad donde están nuestras fragilidades. Sabemos que todo fluye. Pero yo sé que tú, con ese cuerpo frágil, con esos pies suspendidos sobre la arena que desaparece barrida por el mar verde, eres una roca. Y tú no te asustas ya de tantas cosas de eso. Sabes que sólo somos fuertes, tozudos en una cosa: en el tú y yo. No hay fuego, ni alma, ni eternidad que nos quite la determinada determinación, de estar aquí los dos. Contigo. Sabemos que no merecemos esa determinación. Todo fluye y se va. Pero hay algo que nos llega de más allá. De fuera de todo esto. De donde se acaba la sed. Regalo inmerecido. Mientras el mar verde se bebe todas nuestras olas, sólo quedamos tú y yo. Lo único importante.

viernes, agosto 07, 2015

Christopher Hitchens and Dr. Francis Collins debate about God and friendship


miércoles, abril 29, 2015

NEUTRINOS







La materia que tenemos delante de nuestros ojos, resulta que no es tan "material" como nos creíamos. Está formada por moléculas, y esas moléculas por átomos, y esos átomos por partículas subatómicas. Una de esas partículas es el neutrino. Se creía que no tenía masa, pero resulta que tiene una masa pequeñísima. Pues bien, esa pequeña partícula ha provocado un gran revuelo. El CERN, que es un organismo europeo para la investigación nuclear, realizó un experimento donde se comprobó que los neutrinos cubrían una cierta distancia más rápido que la luz. Después se demostró que hubo una pifia en las mediciones, y que la velocidad de la luz sigue siendo un obstáculo infranqueable, y eso provocó la dimisión del científico italiano que estaba al cargo del experimento. En fin, qué le vamos a hacer: ¡errare humanum est! Pero no queda ahí la cosa de los neutrinos. Hace unos días unos científicos americanos en Carolina del Norte han conseguido enviar un mensaje con un haz de neutrinos que han atravesado un pedazo enorme de roca sin inmutarse.



Podríamos decir que los neutrinos son tan paradójicos como los seres humanos. Por un lado, se creía que eran sólo energía que iba más rápido que la luz, pero resulta que tienen masa y nunca se han saltado las normas de velocidad dictadas por sus hermanos mayores, los fotones de luz. Pero por otro lado, a pesar de tener una velocidad y una masa estable, atraviesan toda la materia como si nada. Y eso es lo que nos pasa a los seres humanos. Estamos hechos de materia, la ley de la gravedad nos afecta como a cualquier piedra que pisamos, y sin embargo, de pronto nos dilatamos con una idea, y atravesamos el universo. Incluso podríamos decir que con las ideas, con nuestros afectos, nuestras intuiciones, nos hacemos más grandes que el universo mismo, hasta que se nos queda dentro. Y en esa mente-cuerpo nuestra quedan guardadas desde las estrellas más hondas a los ojos más profundos de nuestros semejantes. Pensamos, intuimos, sentimos, y todo se nos queda pequeño. Y nos hacemos dioses que mandan en todo. Somos barro amasado con diamantes, agua contaminada y fuego que decora el mundo con la joya de la palabra, esos símbolos que hacen crujir el universo. ¡Qué cosa tan rara es el hombre!


viernes, abril 24, 2015

CAPIROTES





Me pregunta un amigo americano criado en San Francisco (Estados Unidos), qué es eso de los capirotes y las procesiones en España. Un chaval de veintitantos. A ver. Aclarando, que es gerundio. Las procesiones no son una performance del Ku-Klux-Klan. La cruz boca abajo no se incendia como en las peli de Arde Missisipi, una buena película de Willem Dafoe y Gene Hackman. Es la cruz de San Pedro, que fue crucificado boca abajo. Y esa cruz, no arde, no.


Sigo explicando: los más fanáticos procesionistas, son pescadores. Claro. Los apóstoles, eran pescadores en su aplastante mayoría. En todos los pueblos de la costa de este país ruidoso llamado España, hay un barrio de pescadores, pegado a una ermita desde la que divisan las viudas los barcos de aquellos que ya no volverán más a casa. Y desde allí, desde hace centenas de años, baja el Cristo, todos los años. Y desde allí, escaleras abajo, cierra el paso a todo lo demás, una Virgen llena de lágrimas, envuelta en un larguísimo manto lleno de estrellas y oro. Y todos los pescadores, los gitanos, la gente más humilde, carga con orgullo el Jesús y la Virgen, mientras se dejan los hombros en las empinadas escaleras.


Llegan bandas de música de los pueblos, pero siempre hay un día, donde la procesión corta en silencio la madrugada. Incluso, se apagan las luces, allí por donde pasa el Jesús. Y cuando dobla la esquina la Virgen, se llena de temblor melocotón la calle con la luz de las velas. La madre que perdió a su Hijo. Viuda y madre. A partir de entonces, Madre adoptiva de doce pescadores. Como ellos. Llevada a plomo por hombres tatuados, que reventados, la vuelven a bailar, cuando, desde un balcón viejo una garganta se rompe de dolor y vuela por la calle oscura y temblorosa una saeta.



La búsqueda de Dios, el rumor inmortal, siempre produce arte a raudales. Arte que brota de las tradiciones populares. La tradición, decía Chesterton, es la moda de los pobres. No es snob, ni pija, ni frívola. Tiene raíz. En la vida. Lutero, lo sé bien, con la reforma protestante eliminó cuadros, esculturas de las iglesias. El pueblo alemán, encauzó su tradición religiosa, le hizo la pirula a Lutero, con la música. La mejor música religiosa del mundo: la de Bach. En el Sur, nos quedamos con lo demás: escultura, pintura. Pero era demasiado poco. Había que vivirla. Subirla a los lomos tatuados de gente ruda, sencilla. Sacarla del pecho. Por lo menos una semanita. Sacar las imágenes de la las iglesias, arrastrarlas con tambores y saetas por las sucias calles de la vida. Apagar las farolas para que la luz temblorosa del paso de la Virgen iluminara nuestro valle de lágrimas al doblar la esquina. Amor de Madre, fuerte, fiel. Hasta el fin. Al final, siempre llega el dolor. Pero, ¡ay de aquel a quien no le espere el amor junto al dolor! Sabiduría de costalero.


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miércoles, abril 22, 2015

25



Allí fuimos, a celebrar las bodas de plata de unos amigos. A ver si nos explicaban el secreto. Porque resulta que llevan juntos media vida y encima son felices. Inmersos como estamos en una cultura donde lo único sólido es la técnica, donde sólo se exige ética y lealtad a los políticos, donde lo privado y lo íntimo es subjetivo y volátil porque ninguna ética tiene raíz en la vida personal, celebrar 25 años de matrimonio es pura subversión contracultural. Y no es nada fácil.

Porque en cuanto llegas a la juventud, te complicas la vida con alguien y se acabó la libertad. Devora tu tiempo y habitas su cuerpo, tan deseado y tan distinto. Carne que le faltaba a tu carne para ser carne. Descubres tu cuerpo de hombre, tan fuerte, y tan débil. Descubres su cuerpo de mujer, tan frágil y sin embargo más fuerte que el tuyo. Durante 25 años. Filtras el ruido, dejas que el relato del otro se instale. Aprendes que el mundo también existe desde allí fuera, desde sus ojos, su familia, su trabajo, su música, sus películas, sus amigos, su salud. Te sorprendes de que a veces, ese mundo sea más real que el tuyo.

Sientes como tu alegría le alegra a ella. Y comprendes, cuando llega, su dolor sin sentirlo, hasta que te invade su mirada rota y te acaba doliendo más que a ella misma. Bebes de su rostro. Su rostro es lo que más buscas. Allí te encuentras, allí te pierdes. Allí descansas, allí sufres. Terremoto y oasis. Cualquier gesto, inflexión de la voz, brillo de los ojos, habla de cómo habita su alma el mundo, de cómo te vive aquel quien te habita.


Aprendes a ser tú mismo, fijáis límites para poder respirar. Discutes por chorradas. Y llegan las crisis graves, que tienen su raíz profunda, que duele tanto descubrir. Y ella descubre tu feroz egoísmo, y tú descubres su orgullo. Ella tan frágil, y tú tan débil. Humanos. Descubres que el otro no es tú. Ella llega donde tú no llegas. Y tú alcanzas desde fuera eso que ella no ve. Nunca os daréis alcance, siempre habrá un yo y un tú. Y por eso os hacéis falta, para comprender quiénes sois, para llegar más al fondo de cada uno a través del otro. Hasta que sus labios sean los pulmones de tu alma. Hasta que tus ojos sean la única llave que abre las puertas de su corazón. Sois cada uno el más fuerte y el más débil con el otro. Y así otros 25 años. La vida entera.

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martes, abril 07, 2015

EL PADRE DE MI PADRE


Sigmund Freud dijo aquello de que el niño se hace hombre matando al padre. Mi identidad de hombre, por tanto, es el resultado de una sucesión de asesinatos psíquicos en cadena. Romper los barrotes de la cárcel, dejar atrás la autoridad paterna, para ser yo. Freud, el psiquiatra que buceaba sin traje de neopreno en las heladas aguas de las patologías de la familia burguesa de la Europa de principios del siglo XX, diseñó toda una farmacopea para curar los males causados por ese modelo familiar represivo e hipócrita que con tanta precisión describe Stefan Zweig en El Mundo de Ayer. Thomas Mann lo relata con similar maestría en Los Buddenbrook. Y también Franz Kafka vuelca su ira contra su padre en sus escritos. Pero, si me lo permiten los sabios expertos en raspar la superficie de los agujeros negros e infinitos de la conciencia humana, yo no he experimentado esa angustia y represión. Ahora que ya he dejado el sol a mis espaldas y pienso en mi padre, en el padre de mi padre o en el padre de mi madre, es decir, en la figura paterna dentro de mi familia, percibo luces y sombras, pero no hipocresía y represión. Lo que pasa es que descubrir quién eres y derrapar lo menos posible en las curvas que aparecen en tu juventud, no es fácil. Y menos aún para tu padre, que es quien recoge los platos rotos. Los sabios opinan. Pero quien se come los marrones de los hijos es muchas veces el padre. 

Ahora, desde la distancia, cuando ya está atardeciendo en la vida de nuestros padres, cuando muchos de ellos ya no están, es cuando recordamos nítidamente aquellas veces en las que nuestro padre citaba al suyo, admirando la sabiduría que su padre le dejó. Ahora, cuando yo mismo soy padre, y trato de remar dando paletadas a izquierda y derecha, a tientas, intuyendo el rumbo que puede que sea el más favorable para mis hijos, comprendo muchas cosas. Y veo a mi padre con más realismo. Se equivocó conmigo en algunas cosas, pero que aguantó muchos más golpes de los que yo nunca podré imaginar. Alguien, que estaba ahí, cuando las cosas se ponían chungas. Hijo mío, si algo malo viene, que sea para mí. 

Los padres que he visto y que veo a mi alrededor no eran ni son perfectos. Pero, la mayoría eran y son buenas personas. Y eso no es fácil. No es fácil mediar entre tantos conflictos, convencer a los hijos de lo que está bien y mal, descubrir que es lo mejor en cada caso, buscar el término medio entre libertad y responsabilidad. Y pasar a un segundo plano en sus vidas sin acritud, cuando ya son adultos, y has dejado de ser el absoluto protagonista de sus vidas. No sé qué es más difícil, si ser padre o abuelo. En ambos casos, hay que moderarse muchas veces, no dar importancia a desprecios, disculpar. Aguantar. Beberte la amargura con una sonrisa. Para que los hijos sean felices. Resumiendo: qué grande es mi padre. Cada vez recuerdo más sus sentencias, su sentido común. Sé que está ahí. Siempre estará ahí. Como una roca. No tuve que matarlo. Él quiso que yo viviera más que él. Mejor que él. Por encima de él. Es sencillo de entender: es mi padre.  


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miércoles, marzo 18, 2015

EX-


Una conocida se ha separado. No es una gran noticia. Ni siquiera es ya noticia. Como dice un amigo mío, ¿conoces a alguien que no se haya separado? Pues muy bien, que se va a hacer y tal. Rezar, para que no acaben en los juzgados. Rezar para que haya un milagro que los haga perdonarse. Pero un milagro hace falta. Porque una vez que se toman las de Villadiego, una vez que se cruza la puerta de casa, viene el rencor más duro que el diamante. Pero milagros, a veces, haberlos haylos. Como las meigas. Alguno he visto.

Bueno, a lo que iba. Nuestra conocida. La veo por la calle sentada con alguien muuu guapo (la envidia es muy mala, ya saben). Demasiado para la edad que tiene (y dale con la envidia). Un pincel el chico. Ese pincel… no tiene cara de casado con hijos (¿envidia?). Con hijos conviviendo con él, claro. Hijos de week-end, no valen (¿envidia?). Eso no convalida. Y efestiviwonder. Días más tarde me entero que se separó. Hace tiempo. Yo de estas cosas siempre me entero muy tarde. De hecho hace ya tanto tiempo que ya está en el momento “encuentros en la tercera fase: cambio de cromos”. Cosas que pasan. Mucho. Ya nos devolverá el mar todos los trozos de estos naufragios.

Me da pena, sí. Pero lo que no me mola, es que semanas más tarde nos vea por la calle, un día de esos en los que te escapas de tus hijos en fase de despegue adolescente, en que huyes (literalmente) con tu mujer, y vas hablando con tu mujer (un lujo), mientras no te lo crees, sin niños a la vista, tienes una conversación de fondo, media hora, reseteas, vuelves a recordar aquello de pasear, y mira, que tienda más chula aquella, con la excusa de ir al súper o a devolver la chaquetilla que no le va al niño. Que bien se está aquí. Hagamos tres tiendas, cari. Y te encuentras a tu conocida en esa maravillosa calle, mira que es ancha la calle, y te dice ¿qué tal pareja?... ¡Qué sueltos se os ve!

Por la gloria de mi madre, que me mordí la lengua. Reconozco que la chica nos lo dijo, quizás, sin retintín, con envidia de la buena. Pero percibí un deja vu amargo. Ella no tenía todavía una pareja que mole. Ella tiene recambio, en prácticas. Lo siento. De verdad. Todavía no ha consolidado al maromo, y por lo que me intuyo, no lo va a consolidar. Ese deja vu amargo revela un subconsciente repleto de maromos suplentes. Espero que no. De todas formas, Loctite para ese corazón… no existe. Me duele. Lo siento. A lo mejor, sueña ella, la media naranja de su vida se desploma sobre su corazón.

Pero ya el tren del desengaño dejó el virus del do ut des, inoculado en las junturas del alma: el virus del que-me-das-para-que-yo-te-de, si-me-das-eso-es-porque-quieres-lo-otro: bueno, no déjalo, que esto es muy complicado. El cansancio del egoísmo, del sumar y restar siempre a mi favor, haciéndome el/la mártir. Se perdió la frescura del amor primero. De ahí sabor amargo del deja vu. Del desengaño. Del cinismo. Del yo ya sé cómo va esta movida. A mí no me la meten doblada más veces. Esta vez, daré si y solo si recibo. A verlas venir. Corazón con uñas de tigresa. Qué hay de lo mío. Y miras, por las noches de perfil a sus hijos, esa verdad hiriente, que te abofetea a ti a y tu ex- la mejilla, en plena cara. Quien tiene la culpa. No lo sé. Quizás él. Pero el recambio, sirve para herir, no para curar heridas. Sobre todo esos recambios muu guapos. Esos recambios que tienen pinta de portada del Hola de pueblo, para que se joda el ex. Me da mucha pena. De verdad. Pero que no me toquen las narices con la envidia. Hago flexiones de corazón todos los días. Y me entreno oiga. No sale gratis la cosa. Y me parece justo que no salga gratis.

Odio esas cosas. Primero, porque ven tu familia en la foto, y… oiiii… que monos. Que familia tan bonita tienes… Y me sale del alma: detrás de esa foto, hay alegrías y muchas lágrimas. Que yo no soy la Madre Teresa. Ni mi churri tampoco. Nos queremos, sí, y mucho. Pero el almíbar rosa para las pelis memas de Hollywood. Con casi 50 hay que cuidarse de los excesos, que acecha la diabetes. Ya las motos vendidas por los vendehúmos, se rompieron hace tiempo, y las grietas del cuerpo suben por la pared del alma, hacen una reflexión profunda cada mañana cuando pones el pie en el suelo, y se oye: ¡Ay! La experiencia, vamos.

Y además, si ya sé que lo que queda bien es “estar con una buena pareja”. Que buena pareja hacéis. Y si no, otra. Hay que buscar. Meterse en Internet, en Meetic, y que nos hagan el test de compatibilidad. Y aunque no funcione mucho, nos acostamos a ver si funciona. Que me quiten lo bailao, que ya va quedando menos. A ver, si es que ya nada funciona. Esto era cuestión de sexo, mucho sexo, y ahora es como el sexo de los ángeles. Nadie sabe cómo va a salir la cosa, nadie sabe un carajo. Hay que probar. El elixir de la felicidad “aparejada”.

Pues seré raro. Yo en esto soy Chestertoniano: precisamente ella es mi mujer, porque somos incompatibles. Alfa y Omega. Yin y Yang. Complementarios. Asertiva y dubitativo. Lectora de Best Sellers (puaj) y lector de ensayos filosóficos (raja de lo lindo sobre los plúmbeos ladrillos que leo). Firme y voluble. Tímido y parlanchina. Extrovertida e introvertido. Amante del sol, amante de la sombrilla. Trabajador del sector público, trabajadora en el privado. Poner a juntar las vidas, educar a los hijos. Imposible. Seguir casados. Una mentira. Si es que claro, no tienes lo que hay que tener, para mandar todo al carajo. Eres un hipócrita. Eso piensan algunos.

Pues no. Sigo, como Duracell. Lo único ex- es ella, mi exnovia. Con la que tengo algunos hijos. Cualquier día escribo una comedia de enredo… Porque el bicho matrimonio da para hablar. Pero si juntas matrimonio y efectos colaterales de cuñadas, sobrinos, suegras, etc: la realidad siempre supera a cualquier juego de Candy Crush.

Milagros de la incompatibilidad. De la complementariedad. Ella tiene lo que a te falta. No se cansará de hacértelo ver. Y él, por lo bajini, soltará cargas de profundidad. Antes o después. Si no, no funciona. En mi caso, casi veinte años, las cargas han hecho mella. Han pulido mi espíritu hasta los más recónditos sitios. Vaya que sí. Golpes a la línea de flotación de la arrogancia, del desconocimiento propio (con los años eso de golpear la línea de flotación no tiene mérito: cada vez es más ancha porque vas engordando…). Pero pasado el Rubicón de la sorpresa, del desconocimiento, aceptado que ella no es perfecta, y sí, ya sabíamos que yo tampoco, ya te lo tomas en plan relax (medio-relax, ojo, nunca del todo… que vienen curvas). Con risas. Risa va y risa viene. Y discusión de vez en cuando. Así crece el conocimiento mutuo. Y si faltaba algo, los hijos. Claro, es que es tan fácil educar. Y ellos, lo ponen tan fácil. Son muy majos. Como lo éramos nosotros con nuestros padres.

De eso se trata. De entre todas las que había, que no eran tantas… porque el listón estaba alto (demasiado alto para mí, je), apareció esa chica concreta. Dios la puso delante de tus narices. Y elegisteis, y caísteis, libremente. Irremediablemente. Pero lo guay viene ahora. Montañas rusas verás, Sancho. A veces no es fácil para ella. Ni para ti. Porque para ti es un tipo de persona que se llama mujer, que es como una persona que sientes más, que te sorprende más, que te descoloca mucho más, que pesa muchísimo en tu cuerpo, en tu horario, en tu vida real de aquí y ahora. Esto de quererse es intenso, complicado. Quererse es posible. Entenderse del todo, imposible. Es un misterio esto de las mujeres. Y lo de los hombres, cuando nos callamos y no hablamos, y somos pensativos, como tumbas, sin capacidad para desgranar lo que has hecho hoy, eso tan ordinario, que ella está loca por sopesar, por compartir, por vivir contigo. Insensibles, que se dice… ¿les suena? A nuestra manera. Osos en nuestra madriguera. Lo sufre oiga. Se lo curra, mucho. Porque la ecuación hombre/ mujer existe. Una ecuación de cojones (perdonen la expresión). Ecuación difícil, porque convivo con una persona. Y no hay quien la encasille. No sale todo como yo preveo. Ni a ella tampoco. Ella, yo somos previsibles, pero siempre acabamos sorprendiendo. Fíjate, al cabo de tantos años, me sale con esas… Nunca la podré meter en una urna, ni ella tampoco, y decir: te comprendo del todo, ya sé por dónde vas a salir, y te voy a colocar este gol. ¡Ja!

Nos dicen: el sexo los unirá. El sexo del bueno. Y cuanto más sexo más mejor. Y la falta de sexo los separará. Y los hijos los separarán. Y el trabajo los separará. Y la rutina los separará. Hágase la separación. El divorcio cuanto más exprés menos marrón dentro del marrón. Ya. Y seguimos como amigos…. ¡Ja!

Seguir queriendo querer. A pesar de las pifias. Y cada vez, cada año, se descubren detalles en el cuadro viviente de esa chica con la que construías los castillos en las nubes, los castillos de naipes del amor, cuando todo era plan, todo era mar y no había orilla donde apoyar los pies. Hasta que los pies los pusisteis en una orilla, que mira por donde, no era como tú y yo creíamos exactamente. Ni los hijos vendrían de esta manera, así, exactamente. Ni la casa, ni el trabajo, ni la vida. Cosas del despliegue del vivir, del respirar del misterioso corazón, del cariño. Ella ya sabe cómo estás nada más oírte. Nada más verte. Tú ya sabes cómo viene el toro de la tarde al llegar, con sólo doblar la esquina del pasillo. Eres un artista. Ella es una artista. Sabe tragarse sables. Y tú haces triples saltos mortales sin despeinarte. Y otra vez. Y tratas de hacer feliz a esa chica de ayer, que tienes a tu lado, pegada al oído. Que susurra cosas que nadie oirá jamás. Amor, bastante churro a veces, muchas veces. Y por eso saltan chispas, se corrige, se forja y se funde al otro. Se discute, y se le cantan las verdades del barquero. Necesario forjado y nunca suficiente. Sin ella, no me sabría ser yo mismo ahora. Ni ella volvería a andar, a hablar, a ver por esos ojos el mundo como lo ve ahora. Se quedaría clavada en el tiempo de los dos. Ese tiempo del que ya no se sale. De lo nuestro, de lo que no tuve y nunca tendré, porque sólo tú eres capaz de dármelo. Eso es lo que dejo a mis hijos. Como papá peleaba por mejorar, por pulirse para querer a su madre. A lo mejor, no acaban aprendiendo inglés bien. Pero sabrán que peleé para querer cada día más a esa mujer, que resulta que es su madre, de la que han heredado tantas cosas. Y recibido otras más importantes, porque heredar genes no es lo mismo que recibir. Recibir la forma del amor concreto de mi padre por mi madre, de mi madre por mi padre, es un regalo tan profundo y tan grande, que sólo se puede recibir a lo largo de una vida muy larga. Sólo al final, en el tiempo de descuento, vas pillando el lado oscuro (luminoso) de la trama. Por ser amante de mi mujer en prácticas, de la misma ex que decidió casarse conmigo, se más de mujeres que todos aquellos pobres que van buscando la compatibilidad con el computador de los buscadores de pareja de internet, de aquellos de gatillo fácil y recambio rápido que nunca encuentra la llave de su corazón.

Dios, que se empeña en jugar con nosotros. Al final, somos como niños, balbuceando, intentando aprender a saber cómo querer. No tenemos ni idea de cómo somos, de todos los defectos y pifias que hacemos. Tenemos la sensibilidad de un elefante. Y para eso “Dios creó a la mujer”. Carne de mi carne. La carne que le faltaba a tu carne para ser carne, cuerpo de verdad. Cuerpo de hombre, que te creías que lo sabías todo. Cuerpo de mujer que te creías que era el hombre eso. Pues toma dos tazas. Y en el cuerpo del hombre fuerte, está la debilidad. Y en el cuerpo tan bello y frágil de la mujer, está la fortaleza, increíble, más dura que el acero. Y cuando tú mujer, te crees que ese hombre débil, ese cuerpo quejica, no vale, surge ese tío que no te imaginabas, ese que llora, pero se bebe las lágrimas para adentro, que no se quiebra, porque está allí para proteger a su familia contra todo. Sólido como un muro de hormigón, frío y práctico como una espada. Y vuelta a empezar. Y tú hombre, en tu inteligencia abstracta, global, a largo plazo, en esa que no cabe nada más… hasta que llega la mujer. Concreta, práctica, humana. Tu coco, descubres, era un queso gruyere, lleno de tablas Excel, de cagadas, que no se sostienen en la vida real de aquellos que tienes a tú alrededor… ¿dónde te creías que estabas? ¿En la Casa Blanca arreglando el mundo, pedazo de troll? La unión hace la fuerza. Pero sólo funciona para aquellos que son lo bastante fuertes para ser humildes, para comprender que lo que les falta lo tienen al lado. Hay que pulirlo, sí. Pero con paciencia y cariño. Con mucha paciencia. Volver una y otra vez a limar una y otra vez con la lima de uñas los barrotes de la cárcel del egoísmo del yo. A veces, somos tan gilipollas, que no sabemos lo que tenemos en casa. No sabemos descubrirlo. Por orgullo. Por cabezonería.

Ella/Él tiene lo que te falta. Lo que no tienes. La media naranja es lo que no tienes tú. Y es humillante, y es divertido. Toda una vida para aprender a darse cuenta donde no llegas. No para uno de descubrir cosas. Si nos tragamos el orgullo, una y otra vez. Al final, hasta se le coge gusto a reírse de ese defecto que no se va a ir nunca. Y de los suyos. De esa forma que tiene de andar, de esos latiguillos que copian y pegan los hijos con retranca, de la manera de hacer guiños a esa hija, de hacer bromas, de ver ese coñazo de peli… otra vez. Para siempre. Si pero para llegar al para siempre, se pisa un camino de mejora permanente. Hasta que estemos pulidos, listos para el Amor definitivo.

Espero algún día poder decir: luché por amor hasta el final. Decir aquello de he peleado la buena batalla; he acabado la carrera; he guardado la fe (San Pablo, Carta a Timoteo, 4.7)

Vale la Pena.

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